domingo, 15 de julio de 2012

Su regalo más grande.




Parece algo verdaderamente inteligente, parece lo más lógico que se pudiera hacer. Cuando un gobierno distinto a USA llega a un estado de crisis económica(incitada por USA), lo más conveniente para ese gobierno es la privatización, como si no fuera mucho ya que la causa de sus problemas es no ser dueños de sus propios recursos naturales, también los hacen extranjeros en su propia tierra al venderles sus propios productos pero con algún sello de una corporación estadounidense. Entonces en ese momento se vuelven marionetas, caprichos de los lideres del norte que utilizan a los ciudadanos de los países en su poder para enviarlos a las guerras contra el "terrorismo", contra el tráfico de drogas, contra la hambruna, entre otros. Siempre en el ajedrez mundial, los peones se envían adelante, mientras los reyes se esconden, la cuestión aquí es, ¿Tienen verdaderamente los reyes el poder?.
¿Cómo era posible que hace unos dos mandatos el presidente de Bolivia tenía problemas para hablar al español porque vivía en USA?,
¿Cómo se llega al estado de un gobierno donde la mejor forma de vida sea rendirle culto como dioses a extranjeros?. Si bien ese problema no sucede exactamente aquí en Venezuela, las cadenas siguen existiendo con tan fuerza que un par de alpargatas siempre serán ridiculizadas por un par de converse, una arepa siempre será opacada por una hamburguesa y un extranjero siempre será superior ante un nativo.
Nos quitaron las mascaras de dioses, nos devaluaron a Maria Lionza, nos enseñaron a olvidar cómo arar la tierra y en cambio nos dieron de regalo más grande. Este regalo que sigue vigente en estos días más que nunca, hay que vivir con el cada día de nuestras vidas, este regalo fue, su maldita identidad.

A nadie le importa la identidad a menos que sea parte del marketing internacional, podríamos nombrar al foot-ball para mostrar un estado de nacionalidad "pseudo-extranjera", ¡claro! ¿por qué no irle al real Madrid?, después de todo yo tengo descendencia española, quizá parezca un simple argumento de alguien que desee justificar su preocupación al deporte rey pero detrás de todo este teatro existe la verdadera realidad, la identidad extranjera.
En las escuelas no se enseña el capitalismo, ni el comunismo, en las escuelas se nos enseña el cristianismo, un cristianismo enfermo heredado de una Europa moribunda que como última salvación expandió su oligarquía y pospuso por más tiempo la muerte de una ideología obtusa. Hoy en día se nos impone desde el norte, se nos vende en paquetes de cigarrillos o se nos escupe por televisión en los programas de los miércoles a las 8:00 p.m.

No hay nada más peligroso para un pueblo que olvidar sus raíces, que perder su identidad.

lunes, 20 de febrero de 2012

Lo Llamamos estabilidad.

Y hay que llamar estabilidad a lo que llama la mayoría, tener una mayor cantidad de sucesos positivos para el individuo que favorezcan su condición de bienestar. Cuando dicha estabilidad es saciada, no puede ser observada como una consecuencia del trabajo o proceso evolutivo resultante de la vivencia sino que es aceptada como patrimonio espiritual donado por tus creencias, tu fe y esperanza son desencadenantes del éxito pero es necesario algo intangible causante de la ausencia de las desdichas. Sin embargo, no has dejado de ser desdichado y en efecto no has dejado de necesitar estabilidad pues esta se basa principalmente en lo mencionado antes, acumulación de bienestar.
Como el exceso de glucosa termina siendo peligroso para el organismo, también termina siendo lo mismo aquella estabilidad mencionada, enfermándose el que la padece y automedicándose con ella misma, terminando en una calle predicando tu estabilidad como única forma de la misma y única forma de liberarte de ella.
El efecto placebo juega un papel crucial en la estabilidad, pero ojo, este efecto mencionado no es por completo ignorado pues fue inducido el sujeto a dicha forma de estar y esta inducción la ha dado la geometría sin forma del entendimiento acoplado al individuo, en consecuencia, la negación sacia lo que la estabilidad no puede darle.