En 1999 cuando Jorge Olavarría nos advertía de la devastación a la que estaríamos expuestos si dejábamos que Chávez, con su aire militarista/intelectual nos sedujera, íbamos a pagar las consecuencias muy caro. Ignoramos al historiador, lo pasamos a segundo plano y dejamos que la emocionalidad emanara la necesidad de justicia en medio del odio. Una cosa hemos de aprender sobre la justicia, y es que los dolientes no podemos esparcirla. De cierto modo, la historia que no se recuerda no se olvida, sino que esta sangra y palpita, y en su lecho de muerte, nunca se transforma, y nos quedamos condenados a ella.
El socialismo predica la destrucción de un sistema, la muerte al estado como fin, ¿y no es el estado la suma de las instituciones que lo componen?, ¿Cómo no iba a gritarnos la historia viva que quien se empoderaba era no más que la forma de destrucción misma?
La sociedad paga el precio en la limitación de la libertad, y cualquiera que nos aliente a recuperar aquella cosa trascendental, tendrá nuestro voto, ¿pero qué precio se está dispuesto a pagar para recuperar la libertad que por derecho suponemos merecer?
Es por esto que debemos tener cuidado cuando contra monstruos luchamos y queremos luchar, no pasa mucho tiempo antes que nos transformemos en uno...
Hay que recordar que para pararse firme frente a la doctrina socialista, hay que tener claro que no se lucha contra un mesías, sino contra una ideología, y estas carecen de forma y nombre.
RECUPERAR LA INSTITUCIONALIDAD MALDITA SEA, ES LA ÚNICA RESISTENCIA AL TOTALITARISMO SOCIALISTA...