viernes, 10 de enero de 2014

Y VIVO...

A veces cuando la satisfacción se desborda más allá de los confines de la mente, cuando existir se vuelve realmente placentero. Nace un intenso deseo espiritual de dar gracias, una necesidad ancestral de reconocer que la vida está de tu lado y que tú, como protagonista, no has dejado pasar desapercibida dicha situación.
Es justo después de dado momento que los hombres se separan, que los hombres buscan caminos diferentes que definan sus vidas. Unos, le atribuyen a la suprema voluntad de sus vidas aquello, otros, le dejan saber su existencia a quien pueda gobernarlos sin objeción, y los demás, podremos saberlo cuando dejen de susurrarlo. No solo es la calamidad la que despierta al hombre, sino las bendiciones de quién sabe qué o quién sabe quién.
Allí, frente a dicha epifanía existencial, nace la honestidad de las creencias, la pureza. Es cuando ser teísta o no teísta, no es lo importante aunque sea lo que realmente eliges... Un camino de vida.
Yo, abiertamente no teísta y en ocasiones antiteísta, no dejo de regocijarme ante el placer de vivir, con un inmenso deseo de gratitud existencial que tal vez en momentos pueda agitar más que las plegarias más serias y fugases. Y vivo, con un poco de envidia de quien sin importar el camino su gratitud sea mayor, y a veces, solo a veces ellos no me perturban, sino que nuestras serenidades se realzan en una goce magnífico que sin conocer nuestras historias las conexiones pudieran existir. Y existo... Y existen... Y los demás, se esconden en sus hombros, mientras van sobre el andén a sus destinos, los que nunca eligieron o conocieron pero que su esperanza los ayudan en la búsqueda, ellos viven de la fe, dichosos ellos, los que están seguros, tal vez dichosos nosotros los que gozamos.