martes, 24 de octubre de 2017

TIEMPOS CIRCULARES

Desconceptualizados frente al entramado histórico, nos desconectamos no solo de nuestra propia historia, sino que fue sumada la desconexión a la historia del hombre, y en medio de este hecho deslumbrante, estamos indefensos. Ya no se trata de formar una idea general de las cosas, sino de formar una idea, de escapar de las ideologías que salpican sobre la muchedumbre la ansia de ejercicio de poder de forma autoritaria, estamos indefensos. Frente a la cátedra de Historia, la parcelamos, y desde nuestra parcela vimos romperse la estructura, y en medio del alboroto, callamos.
El venezolano heredó la esclavitud religiosa, y como parte de tregua se entregó a la sumisión política, como parte del rapto que cada sistema ideológico hace con la masa y el individuo. Y es justo ese mismo entramado histórico que nos grita a la distancia de la esquina que se debe estar tan lejos que no se diferencie la nariz de Cleopatra, el que amordazamos en descontento con nuestra propia obediencia, porque huir se volvió en todo caso y sin reconocer la propia fuerza, el único camino.
El imperio de los hombres nunca fue nuestro imperio, y el imperio de la ley fue destruido en protesta a la docilidad, quedando sin una patria nuestra que nos ampare, quedando a la merced de quienes en ganancia, nos han devorado. Somos el resultado de los poemas que nunca se pronunciaron, de las cartas que se extraviaron, de una independencia que sólo se firmó.
Venezuela, en su memoria atemporal, hace del Síndrome de Estocolmo un trofeo, y de la decadencia de este un sinónimo de lucha, dejando claro que la realidad puede y podrá regurgitar a las generaciones futuras, porque aquel papel donde se dejó la firma plasmada, no se trató de libertad.
Se nos depara un futuro inmutable e incoloro, el mismo que en el pasado, definió este presente.

miércoles, 11 de octubre de 2017

UN COMENTARIO SOBRE LA VIOLENCIA

Cuando se habla de que Venezuela es uno de los países más violentos del mundo, siempre se ignora la violencia como significante, y se deja la puerta abierta sólo a la violencia como significado. Esto, de forma resumida, dice que las palabras no pueden dañar, aún cuando nuestra parcela de lenguaje tiene una variedad inmensa de términos peyorativos con el cual determinar cada situación, por lo que no es necesario haberse estudiado los cursos de lingüística general de Saussure para encontrarse con que nuestro día a día está sumergido en la pura y mera transgresión al otro.
La decadencia de una nación podría medirse, en un porcentaje amplio, en la calidad y calidez con la que los ciudadanos se manifiestan en el mundo, en la forma en la que se plantan frente a la distancia que los demás les son al pertenecer al conjunto de los que existen en menos medida o ninguna, dejando al descubierto que el infierno ya no son los otros, sino que lo llevamos dentro. Si, Venezuela es un país violento en formas ininteligibles, donde cualquier medio de comunicación humano termina en la manifestación de la desquicia, del desagrado, la incompletitud, la falta... el doble sentido es sinónimo de atropello, aún cuando lo encubra un chiste.

El lenguaje es la extensión que pretende en mayor medida, la pulcritud de la imaginación proyectada a la realidad, de esta surge la forma como referente, y de allí, la ideología que nos predomina. Entonces, bajo la duda que la opinión deja correr, dejo a manera de diálogo silencioso la pregunta que el lector, invisible a este hecho deba generarse; ¿puede un modelo sociopolítico alentar la violencia?...

lunes, 31 de julio de 2017

EL DUELO ETERNO

Frente a los muchos rostros de la cotidianidad, se esfuman las opciones en un lamento que se extravía en el camino, dejando la posibilidad fuera, siendo un remoto entorno. Como a aquella relación fallida a la que no se le ha dado tiempo de sanar, el venezolano se encorva entre hombros frente al presente, y sin mediar se entrega al discurso de turno, que desde siempre se ha mantenido, posponiendo otra vez la consciencia en un caída perenne. Decir que, la vulgaridad es la causante de un eterno retorno, sería tan osado como asumir que de forma estricta, la humanidad está condenada al sinsentido. Pero no se puede hablar en la voz de los otros, y mucho menos encajonar la idea a los muros de nuestros prejuicios, por lo que quien ignora no sólo es quien en laberinto vive, sino quien en un supuesto de audacia, crea estar fuera de este.
Cuando la verdad se transforma en una opción, la libertad pierde el carácter de valor impersonal, y forma parte del conjunto de estadios en los que encapsula el límite de la moralidad, dejando por fuera, necesariamente, al resto. Y se podría justificar invocando el Origen de las Especies, justificar que la ausencia de razones menos evidentes son un efecto y no una causa, dejar que las opciones se reduzcan a lo obvio, cayendo de nuevo en la norma, que desde las sombras, mata.
Si algo la historia puede enseñar, es que de los grandes pasos en ocasiones quedan grandes caídas, y que los atajos inadvertidos muchas veces llevan a la perdición, por lo que en el profundo foso en el que nos ha metido el peligroso culto a la personalidad que nos predomina, la salvación no puede de nuevo, por vez ya innumerable, caer del cielo. El venezolano deberá enfrentar la terrible sensación de la soledad que nos acecha, y deberá encontrar las fuerzas, que hoy se sumergen en la desidia, para darle un alto al encriptamiento de la pena, la culpa, la falta y el deseo. El venezolano debe, necesariamente, rebelarse, rebelarse contra el venezolano, y esta vez no habrá nombre ajeno que lo salve, será el camino mismo quien lo dicte, será dentro de él que encuentre ese mismo enemigo que tanto le da caza.
Asumir la responsabilidad, que podría significar la muerte, es un riesgo que vale la pena en cuanto la vida valga la pena ser vivida, por lo que habrá que soltar las riendas de lo social que nos gobierna, para encontrar la paz que tanto se anhela, para acabar con un duelo autoimpuesto, y asediar por vez última los indicios de ser mesiánico que se encuentran en lo más profundo de nuestra razón.

domingo, 30 de julio de 2017

GOBERNARÁN

Luego de más de medio siglo en manos de las diferentes formas en las que una idea puede fracasar, en manos de las tantas maneras en las que puede una ideología ser transformada, maquillada, y revendida, hoy se firmó el acuerdo indefinido que nos condena de manera legal a estar en esta etapa. Hoy no ganó Maduro su perpetuidad en el poder, ni Chávez su legado, tampoco Caldera con su discurso, ni los anteriores, hoy ganó el socialismo, hoy vuelve a decretarse la sujeción a los siglos pasados, hoy se le da de forma definitiva el ultimátum al país, hoy, por vez primera desde el momento en el que empezó el experimento, Venezuela baja las manos.
Gobernarán sobre los escombros de las falacias que les predomina, gobernarán a los fantasmas de un pueblo que de tanto hacerse el bravo, terminó escondido bajo las faldas del hambre. Si gobernarán, si lo harán, pero ya ni ellos saben a qué. De las cenizas harán banquetes y los cánticos de alabanza a la personalidad los podrá oír el demiurgo, se alzarán los cultos y la apología a los ídolos abarrotarán las calles, pero no habrá oídos que lo escuchen, sino los restos de algo a lo que se le podría llamar humano si no hubiera perdido en el intento la humanidad.
Como al cuadrúpedo que en silla reclama, se escuchará el chillido que muchos dirán fue un relincho, pero que nosotros sabremos que es la voz de la sumisión. Ya nos hacemos de carreta, con bozal, con antifaz, siendo el Boxer en un molino que nunca llegará, será aquella construcción majestuosa que las utopías han hecho nacer, las piedras que nunca podremos levantar.
Como aquel que dijo que el venezolano se hacía de personas comunes frente a situaciones extraordinarias, hoy quienes llevan las riendas al caño asumen la responsabilidad del futuro de lo que tercamente insistimos en llamar nación, teniendo los nombres de todos bajo la misma balanza, en la que ninguno de ellos se pesa, porque son la justicia. En nombre del pueblo, ¡en nombre del pueblo!, todo es al pueblo, pero sin este. Todo es a los otros, pero sin los otros.

Hoy sentí un poco de tristeza entre el ajetreo de ese silencio que se mira en los rostros, que con miedo dejan de hablar, hoy en medio de la resignación, escribí este par te párrafos cortos de los cuales desearía arrepentirme mañana, y quizá de los cuales, no hube querido escribir nunca. Si alguno puede escuchar esto, que no olvide que en algún lugar del mundo hubo hombres que pagaron el precio más allá de la muerte, y que su único delito fue aspirar ser libres...

jueves, 27 de julio de 2017

LAS GUARIMBAS



Cómo comenzar una observación, me pregunto en silencio mientras hago un intento de conteo de las razones por las cuales no soy el más indicado para esto. Pero la palabra en ocasiones se dice a sí, y salta la barrera, siendo quien escribe un instrumento más de las cosas, deformadas, pero al fin y al cabo, de las cosas. Entonces en un malabar retórico de baja procedencia, transmito lo que los ojos por sí solos no pueden decir, y hago una hazaña de la podredumbre de la vivencia.
Un país, compuesto en su extensión, tendrá a lo sumo un título, que vendrá dado por la forma misma, la idiosincrasia que la cultura transforma en individuos, y resumiendo en escombros, muchas veces, no termina por llamarse, y se salta la oscuridad para hacerse de la sombra del mismo, aunque estemos empeñados en llamarlo Venezuela. Eso es mi país, el que me habita, por azar u obra omnipotente, me identifico con las caras del mestizaje, con lo criollo de forma recia, y el folclore de corredores de caballos a razón flores y sonrisas de las ninfas típicas de la región. Así se forma Venezuela, con los pastos más salvajes de esa pequeña Venecia, justo en el centro de las vías del Viejo Mundo y la indomable Asia, atravesado entre el comercio de quienes esperaban huir de esa violencia que a tanta leña hubieron de atizar.
Pero no se vino a exaltar lo que los demás ya podrán comprobar por sus medios, se vino a decir lo que los mudos gritan con las manos y los ciegos mastican, se vino a conquistar de una forma u otra, la semiótica detrás de quien abrumado, ya no sabe qué decir. Si, se trata de los invisibles, los que los impuestos ignoran y la educación ha olvidado, los que no se fajan de chiquito porque nunca fueron gordos. Se vino a repetir lo que calla la agonía, se vino a alzar la voz en contra del discurso que transforma en victorias el hambre y la inanición en martirios divinos, se vino a ser el eco de quien en el barrio ya no puede más, se vino a mostrar la Venezuela que si te acercas ladra, y si te descuidas muerde.
Sin tiempo en el reloj, quien con estreñimiento vive no alcanza a pensar en el devenir, y se aísla en la cotidianidad representada en una sentencia; si no trabajo no como. Y no se asume más, vale su peso en oro, pero no del interlocutor, sino de los huesos y pellejos que en forma de ciclo constante se levanta cada mañana a echarle las bolas al asunto ese de seguir con vida, que se traduce en arepa con mantequilla y queso, y un vaso e´jugo si las circunstancias lo permiten. Es allí donde se alza la primera gran guarimba venezolana, en los cuerpos que con pieles muy pegadas se visten de ropa de otros tiempos, como si nunca les hubieran pertenecido, siendo así un recuerdo más que una persona, un legado hecho carne, o en su defecto, sin carne.
Una gran barricada que no ha sido tumbada se encuentra en la vergüenza de quienes entre frases austeras se masturban los ideales con la gloria pasada mientras las extremidades de palmípedos hurgan la basura, que de encontrarse en el camino de la suerte, será comestible y no ideológica. A esos mismos no los reprimen las balas, a esos no los amenaza una tanqueta, para esos, la represión tiene forma y nombre, muchos le llaman pobreza.
Estamos hablando de los mismos que mueren a falta de medicinas, de esos que en los hospitales no pueden pagar su estadía ni siquiera cuando pertenece a lo público, estamos convencidos de que nos referimos a los niños que sucios de realidad se humillan por un par de monedas. Son los invisibles, los que no aparecen en las estadísticas, los mismos que una vez Alí Primera reconocía y hoy es él mismo en la voz de otro quien los niega.
Es así como guarimbean los ficticios, manteniéndose con vida a pesar de que se empeñen en quitarles el trabajo de vida, a pesar de que cada vez valen menos. Si se quiere saber dónde están los verdaderos guarimberos, hay que pedirles que abran sus neveras. Si se quiere ver las verdaderas protestas, no parpadeen frente a los inexistentes.