¡Pobres!
Mientras fruncía el ceño, espiaba el billete sin que me diera cuenta, aparentemente. Es que los billetes parecían distintos, tenían un aspecto de falsedad, de cierta complicidad, de sátira que solo era posible encontrar el billetes de personas sin bienes. En efecto, parecía pobre o aún en estos momentos lo parezco, aunque tal vez eso no haya sido lo más importante sino mi demacrado rostro imponiéndose frente a su lucidez. Quizá era mi color o con un poco más de análisis simplista, era mi ignorancia. No hay que descartar el aspecto "malandroso". Era una de esas miradas que te llegan al alma y que solo alcanzan a destruirte imponiéndose sobre tu necesidad. Así fue esta mañana mientras a mi derecha los billetes con el mismo aspecto eran tomados en cuenta sin necesidad de un juicio.
Aunque no debería sentirme mal, a mi otro lado, un hedor a rancho se diseminaba en el ambiente. Pequeño, con forma de niño, un rufián de color oscuro nublaba la visión de cualquiera que intentara deleitarse entre la hegemonía farmacéutica. Sus pies manchados por la intemperie, sus ropas destilando suciedad, sus manos fuertemente apuñadas, marcaban cada huella en los trozos de papeles de diversos colores y sin valor aparente. Su mirada no subía a los rostros pues se había cansado de tanto rechazo, parecía que había optado por huir y esconder su rostro entre las pisadas de los que sin suponer o siquiera ve, lo rechazaban. ¡Pobre! Eso se gritaba a todo pulmón.
Se ha olvidado un poco eso de la necesidad, se nos ha escapado de las manos el olvido selectivo o la ignorancia supina, pero en su ausencia, hemos llegado a la humildad, esa que se percibe cuando nuestras almas tocan a las otras desde las alturas pero nunca desde la igualdad, caridades pues, solo caridades con motivos más inhumanos que las muertes de cercanos.
Por si les causa curiosidad, el pordiosero con apenas la mitad de mi estatura se fue contento, aunque no podía pagar los pliegos de gasas que necesitaba, un ángel de la guarda en forma de empresaria le dijo que trajera el resto después, habiendo preguntado antes la procedencia de tales infortunios. ¡Pobres! Ahhhhsh, ayudarlos siempre reconforta, ¡pobres, que horror!...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario